Mi voz es mi pastor…

Poesía
12 septiembre, 2018

(Instrucciones, marca en el agua, agujas para un discurso vocal y canto)

(estación uno)
Una voz que llega y besa lentamente mis oídos.
Así imagino la escritura.

Dar espacio, el aire en los pulmones,
henchir el pecho, dejar salir la voz. Dar voz
a lo que se ha esfumado lentamente.
La veta del lenguaje está en el esternón.

Algo de la inocencia de las cosas dice también
tu nombre. Aire, nombre, lenta la voz
que te reinventa.

Seré respiración y silencio.
Seré el sonido
de la gota al caer, las ondas del agua.
La forma del aire.

De la coronilla al cóccix. La voz traspasa, sostiene,
eleva y desciende.

Algo en tu mirada petrifica. Algo de tu voz indaga
con la claridad de una navaja. Aquí un Yo con Y que no quiere ser
más que una voz, un gesto.

Algo de la inocencia de las cosas dice también
tu nombre. Aire, nombre, lenta la voz que te reinventa.

Otra vez la piel desnuda, otra vez la pregunta
del cuerpo estirado, ésta es la única voz,
la sombra del cuerpo.

Vuelves a abrir y dar, a extender. Bajas a la tierra,
tocas la tierra, recoges algo en la tierra.
Sueltas la voz, clama, abre el corazón.
Sólo porque tienes voz y quieres hacerla oír.

Nada es su apariencia, todo es la apariencia,
todo nada, esas palabras. Su código su decir ni
qué decir. Todo/Nada. Significa: voz emitiendo.

Sacas el aire por la nariz, sacas la voz del simio
por la boca. Te miran, extrañeza,
“simio simio simio” grita el simio.

Debraye el de la voz, la planta del pie enraizada,
la planta es paso de elefante, las rodillas doblan,
tu cuerpo es animal y universo.

A veces parece que hay poco decir y en realidad
es una falta de inmersión hacia la voz.

Es intentar lentamente el sonido secreto, el oído
abierto, para ver la forma en que el nombre
se desprende, vigoroso, de las cosas.

Empezarás por nombrarte en voz alta: noche,
ese nombre colectivo.

Voz, campo sembrado

Preguntar con voz por la voz
Mi voz, mi certidumbre

La voz es mi pastor, nada me falta.

(Estación dos, querida carta)

Empiezas en el cuerpo. Extendido.
Tienes ese gesto usual de las mañanas,
el momento en que el dispositivo se acciona.
El botón de encendido. El clic del día.
Es momento en el que (leí) no debe pronunciarse
palabra para lograr un tránsito gentil de un estado a otro:
sueño-vigilia. Un estado delicado, no interrumpas
el flujo, deja que venga el puente a través del
silencio.
No hay palabras, no hay voz.
¿Cuál es el minuto entonces en el que habrás
de volver? Pregunta.
Pregúntatelo en silencio. Pregúntatelo ahora
con el gesto de la respiración,
inhala y exhala inhala exhala inhala exhala inhala
exhala.
Ahora.
Como si fueras una recién nacida
tomar conciencia de tu cuerpo.
Toda esta superficie es tuya, estabas antes
envuelta en agua, ovillada, apenas
en la percepción de algo: luz, calor, proclama,
vibración, ruido, algo.
Notas cómo hay algo ovillado, más allá. Tu cabeza,
ahora sabes, se llama cabeza y comprende todo
un imperio de percepción. Todo lo que el resto
de tu cuerpo siente pasa por la cabeza. Eso
que reelaboras todos los días, eso que haces
mecánicamente, eso: un pie delante de otro,
ese balbuceo corporal, esto que ahora pasa
a través de tu cabeza en la reconstrucción.
Pero voy muy de prisa.
Estás todavía tendida. Acabas de volver del sueño.
Por una fracción de segundo olvidas todo: tu género,
tu peso, tu nombre, tus dolencias, tu amor,
tus ideales, tus asuntos pendientes.
Estás aquí descubriendo esa masa
que se llama cuerpo. Pronto moverás tus manos.
Tocas todo eso que eres tú. Tus ojos se abrirán
y cerrarán a voluntad. Tu boca, pronto tus manos
tocarán tu cuello.
Pronto, vuelve, nómbrate. Pronto
Dite a ti

Ésta es mi voz
Pronto dices A
O
Sostienes una I infinita
Pronto un silbido apenas
Pronto un aullido
Un aullido delicado
Como ese llorar de los niños cuando se saben solos
Como esa pena de llorar cuando nadie te acompaña
Como ese gemido que pide sin recibir respuesta.
Empiezas pues, la voz, comienza a vibrar tu cuerpo,
desde la voz el impulso:
Desde la voz tu madre llamándote, desde la voz
las primeras palabras:
Árbol, piedra, casa, agua, cosas.
Desde la voz sigue el mundo ordenándose
Sol, planta, flor, semilla, aire, vuelco, mar
Desde la voz la terrible A de la sangre:
Dolor, abismo, rincón, cuerpo fragmento