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Insolencia

PASILLO DE LA INTRODUCCIÓN

 ¿La insolencia? Es quizá la única manera que existe hoy de hacer justicia a la justicia y de restituir las diferencias a su justa medida, ya sea por exceso o por defecto. ¿La insolencia? Un paso sin duda modesto y limitado para resquebrajar las certezas y las imposturas sociales, pero que resulta más eficaz de lo que habitualmente se cree, sobre todo cuando se trata de sacudir a quienes dejamos –sea por debilidad o comodidad – que se apoderen de nuestro destino sin tener una capacidad real para ello.

Michel Meyer. La insolencia (1996: 150).

Los ecos del estrés social, que intentan fracturar al individuo, se escuchan a lo largo y ancho de esta publicación que hace eco como el horrendo ruido de las malditas bocinas de los cochinos microbuses en la terminal de Pantitlán. Cuídame, que me dan ganas de tirarme a las vías, todo me empuja hacia abajo

¡Ándale! Vamos a prendernos, a romperlo todo; avienta esa piedra hacia el espejo, ¡rómpelo! Deja que tu reflejo se vaya a existir sin ti, porque solo así podrás peinar tu pelo negro, negro, negro, ne

Como cuando fui… Cuatro puntos y siete comas después, este texto colectivo y esquizofrénico encuentra de nuevo la ilusión del sentido en la reunión, en el acuerdo y la concertación, en el pliego petitorio, los carteles, las consignas, las arengas, las molotovs explosivas, insolentes, poderosas. Por eso, manita, hay que ser como ellas: tronadoras, luminosas e inolvidables.

Y con gritos, con explosiones, con denuncias, con toneladas de burocracia como cemento, lista para construir la estructura de la opresión, el predominio de tanta infamia que pide a gritos sordos la justicia que no llega… que ni llegará, como la paz y la calma a esta ciudad. Solo hay ruido, solo hay caos, solo hay horror. Horrora, terrora, cállata, me dijiste que me bañara vestida, pero me rasqué y se me cayó la ropa

 calzón chino

A partir de una indagación sobre el ruido que hacemos como colectivo, de nuestro reciclaje de basura para crear instrumentos sonoros, de la recopilación de material de archivo y su postproducción (más basura) que satura nuestros discos duros, llegamos al eje que nos caracteriza; la insolencia, esa misma que Mathias Goeritz esconde en sus poemas crípticos, nos identifica y detona este conjunto de accidentes, fracturas, estridencias, aboliciones y mucho ruido que habitará por un tiempo estas falsas paredes informáticas bajo las alas protectoras de la UNAM, donde nuestros artistas invitados arrojarán un contrapunto a nuestra pila de escombros.

 Bienvenidos a la noche, al insolente bar donde derrumbamos tu sentido común y la existencia de machos calados.

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