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Autodestrucción 2

Exposición
28 febrero, 2013
Autodestrucción 2
Abraham Cruzvillegas
Febrero 28 – Mayo 26, 2013
Curaduría: David Miranda

Después de la demolición

Cuando el muro cae aparece un hueco en la estructura y se abre de nuevo el espacio, los vestigios de la habitación que sostenían lo que fue antes una casa, se convierten en testimonio material del tiempo, emociones y energía producida por habitantes que ya no existen, dejando al escombro como la evidencia física del tiempo y la materia acelerada que se transforma para generar nuevos universos. La demolición es el fin de un orden que terminó por agotamiento o desgracia, que permite el inicio de un nuevo espacio de tiempo y vida impregnado de memoria y sustancia de otras generaciones. Las ruinas nunca están en silencio, sus vestigios hablan. Muchos pueblos de Mesoamérica reutilizaron las ciudades que otros abandonaron para edificar sus urbes, y asumían la sustancia del lugar apropiándose de su estética, recuperando sus deidades desde lo que quedaba en los sedimentos del sitio, porque cuando la destrucción es entendida como una transformación física, se pueden encontrar diversas alternativas para la reconfiguración de un orden, de una identidad o de una imagen que no siempre se encuentra en un estado material sino entrópico.

En las ciudades donde la sobreposición de la memoria es evidente, muchos de los habitantes viven modificando continuamente su entorno, mediante la necesidad de ajustar su espacio físico a las circunstancias del momento; la herencia y el crecimiento demográfico quedan enunciados por la habitabilidad y los recursos emergentes de la zona, derivando en formas de sociabilización distintas a las que constituyen otras comunidades. Las ciudades que se han extendido bajo la libre urbanización mediante la práctica de la autoconstrucción, han subvertido el carácter utilitario de sus viviendas, erigiendo en sus periferias toda suerte de construcciones disímiles, que demuestran el aprovechamiento de materiales de construcción y la adaptación de recursos que no son propios de ese ámbito. En esas zonas todo está en transformación, todo se encuentra en cambio continuo porque incesantemente se derrumba y se edifica, en un ciclo de uso de los materiales encontrados, así como del tiempo y la energía que se invierte en ello, generando zonas de encuentro en donde los habitantes aprenden a sobrevivir comunitariamente, mediante intercambios materiales, utilitarios y afectivos que se distancian mucho de lo que el desarrollo posindustrial suponía. Bajo estos escenarios es fácil identificar los cambios de las comunidades en función, su evolución económica, familiar y política, repercute en la transformación física de los lugares en dónde habitan; por ejemplo, en la Ciudad de México en las zonas donde la urbanización del centro no fue constante, el orden periurbano se gesta como un estado de transformación constante que demuestra una alternancia a los niveles no sólo de urbanización organizada por el Estado, sino de pensamiento y comunidad que asumen su identidad local y la proyectan como un emblema que emerge de las fallas del régimen que las provocó. Piedra sobre piedra, ladrillos y madera que se aglutinan con el cemento que se provee lentamente, emergen sin una partida específica para la construcción planificada según el dinero que se va consiguiendo, las edificaciones de estos lugares se construyen y destruyen por sus habitantes sin parar y las contradicciones técnicas de sus edificaciones se justifican por sus necesidades sociales, económicas y afectivas, que resultan en una práctica autóctona y contemporánea que recupera lo más significativo de sus orígenes, basada en su presente inmediato, confrontando estética, material y funcionalmente su realidad con la realidad de las entidades que les son aledañas.

Si entendemos simultáneamente a la autoconstrucción como un estado de ánimo y sobrevivencia, en donde las personas van generando su identidad a partir de formar sus afectos e intereses con el mundo de forma progresiva, podemos entender que las costumbres e intenciones de una comunidad se van ajustando a las necesidades de los tiempos en turno, “autoconstruirse” implicaría al mismo tiempo “autodestruirse”, al estar edificando y modificando constantemente sobre la vida ya hecha, pero nunca resuelta definitivamente.

Autodestrucción 2, es como Abraham Cruzvillegas (Cd. de México, 1968) ha enunciado al ejercicio escultórico llevado a cabo dentro de la sala principal del Museo Experimental el Eco, que consta de la reutilización constructiva del material que extrajo de una casa habitación en remodelación, donde habitará con su familia en próximas fechas. Al igual que otros proyectos realizados por Cruzvillegas, éste ejercicio tiene que ver propiamente con entender al museo como un espacio de taller de aprendizaje, donde la presentación de uno o varios objetos terminados es menos importante que generar reflexión y conocimiento a partir de la necesidad del hacer, y en este caso, la alteración de la arquitectura modernista del museo a partir de vigas de madera, trozos de concreto, fragmentos de ventana, varilla y cascajo, se percibe como una gran re-significación del material en estado de deshecho, mediante el cambio de su sentido de uso para la ampliación de su vida útil, que en otras circunstancias no tendría más provecho. Dicha condición de aprovechamiento recurre a la capacidad creativa del ciudadano común que modifica un objeto cualquiera, para realizar un acto trascendental, guiado siempre por la necesidad y la urgencia. Después de inaugurar al público la etapa constructiva del proyecto, lo que se podrá ver en el lugar es una edificación provisional y emergente dentro de la arquitectura emocional de Mathias Goeritz, que servirá como ágora para una serie de diálogos públicos que Abraham llevará a cabo con miembros de su familia más cercana, con la voluntad de aprender de ellos sobre de lo que hacen individualmente en forma de una experiencia educativa a fortiori, como él mismo señala, en un acto congruente con el sentido inicial del proyecto.

David Miranda

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Abraham Cruzvillegas (Ciudad de México, 1968) Estudió las carreras de Filosofía y Arte en la Universidad Autónoma de México. El trabajo de Abraham Cruzvillegas, que incluye video, escultura, pintura, dibujo y canciones, hace referencia a esta historia, al mismo tiempo que responde a su experiencia contemporánea con el paisaje, la gente y las formas encontradas en los alrededores inmediatos.

Entre sus exposiciones más importantes  están:  MALI in situ: Abraham Cruzvillegas, Museo de Arte de Lima, Perú (2015); Autoconstrucción, Museo Jumex y Museo Amparo, Puebla, y Ciudad de México, México (2014); Abraham Cruzvillegas: The Autoconstrucción Suites, Haus der Kunst, Múnich, Alemania (2014) y Walker Art Center, Minneapolis, Estados Unidos (2013); Self Builder’s Groove, Deutscher Akademischer Austauschdienst (2011);Autoconstrucción, the Film, The New Museum, Nueva York, Estados Unidos (2011);  The Magnificent Seven: Abraham Cruzvillegas, CCA Wattis Institute for Contemporary Arts, San Francisco, Estados Unidos (2009);Autoconstrucción: The Soundtrack, Center for Contemporary Arts, Glasgow, Inglaterra (2008). Actualmente vive y trabaja en la Ciudad de México.