La Compañía Juvenil de Danza Contemporánea de la UNAM (DAJU) creó el performance “Variaciones para una silla”, como parte de las actividades complementarias del Foro Eco de Diseño, realizado por el Museo Experimental el Eco. El Foro incluyó la exposición de dispositivos pedagógicos y la realización de un programa público para generar conversaciones sobre la relación entre diseño y educación, con el fin de especular sobre la función del museo como tipología pedagógica.
La propuesta del performance, que parte de la silla paleta de Ernesto Gómez Gallardo para las aulas de Ciudad Universitaria en los años cincuenta, se centra en resaltar la importancia de la improvisación y su impacto a largo plazo, dado que su desarrollo plantea ser irrepetible y abarcar varias horas.


Nicolás Poggi, director de la DAJU, junto con Ana Zambrano, asistente de dirección, desarrollaron el concepto dentro del Laboratorio de investigación y reflexión sobre el mobiliario y su relación con los procesos pedagógicos, que tuvo como sede el propio Eco, también durante las fechas de realización del Foro, del 5 de octubre al 8 de diciembre.
La idea escénica consistió en trabajar durante cinco días en el espacio del Eco, y a partir del mobiliario propuesto por su director, Pablo Landa. Su guía de reflexión se enmarca en un análisis crítico respecto a las estructuras rígidas de la pedagogía y, en este caso, el trabajo con el mobiliario de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, diseñado en los años 50, en particular la llamada Silla Paleta.
La Compañía trabajó con un formato de laboratorio de exploración, desarrollado desde la acción, la oralidad y la escritura. Durante los cinco días del proceso, los artistas estuvieron abiertos a que el público transeúnte se acercara a observar, una dinámica pocas veces aceptada en un recinto de este tipo. Además, se desarrolló una línea de trabajo de larga duración, ya que el performance prácticamente no se detuvo desde que comenzaron a desarrollarlo.
“Lo que hicimos en cada sesión, de cuatro horas, fue ejecutar diversos movimientos improvisados, previamente consensuados en mesas de reflexión entre los bailarines, para acceder a través de ellos a estados físicos y expresivos, conscientes de que se trata de una propuesta desarrollada en tiempo real. Fue una experiencia muy positiva, pues trabajamos con el espacio interno y el externo”, declaró Poggi.




Parte de esta labor incluyó salir del espacio museístico para convivir con el público que pasaba cerca de Eco, lo cual les permitió abrir nuevas reflexiones sobre cuál sería el impacto en el espectador durante la primera activación en el marco del Foro.
Ana Zambrano, quien mantiene una larga relación con el arte vivo como bailarina, coreógrafa, docente, creadora y programadora, agregó que para la compañía esta es una de las experiencias más enriquecedoras que han tenido, pues les permitió atravesar los muros del museo y jugar con la empatía entre el espacio, los elementos que contiene y los cuerpos de los ejecutantes: “Se creó un tipo de escritura y simbología en un diálogo interno a través de símbolos que fueron empleados para representar las acciones planteadas por los chicos de la compañía. Es un proceso creativo con símbolos que explican de forma muy concreta lo que va sucediendo día a día en los trabajos de improvisación y composición, con las puertas abiertas al público”, detalló.
El planteamiento y ejecución del performance “Variaciones para una silla” incluyó las colecciones que el Foro tomó como punto de referencia para generar su propia reflexión acerca de la experiencia pedagógica. La dinámica se desarrolló de manera particular cada día, con comentarios o reflexiones de los bailarines que nutrieron el contenido de cada uno de los laboratorios. De esta manera, la compañía abrió círculos de discusión cuya primera fase de exploración tenía que ver con las estructuras pedagógicas abordadas en el Foro, pero tratadas desde la experiencia de los bailarines y las bailarinas, y también desde una mirada más amplia en términos de pedagogía, con un perfil intergeneracional, ya que cada integrante posee sus propias estructuras pedagógicas.


El performance concluyó el 6 de diciembre, con una presentación de cierre cuyo contenido fue único e irrepetible, como ocurrió a lo largo del Foro, en una experiencia que abrió nuevos mecanismos de creación para la compañía.
Nicolás Poggi describió: “Cada ejecución del performance no se repite, lo cual le otorga un perfil muy interesante, ya que aborda situaciones distintas en cuyo desarrollo influyen desde la reflexión que los ejecutantes preparan para cada ocasión hasta la propia luz del día. Esto ofrece como resultado una especie de instantáneas ejecutadas con recursos provenientes del arte escénico, la experimentación y el performance en sí. Es un trabajo muy complejo porque tiene que haber mucha conexión entre las quince personas que participan, ya que están componiendo en tiempo real una coreografía imprevista, para reivindicar el valor y alcance reflexivo de la improvisación performática”.
A manera de memoria de “Variaciones para una silla”, se pensó en la edición de un libro homónimo, que contuviera las imágenes reunidas a lo largo del desarrollo del trabajo, así como con testimonios de sus participantes. Y que tuviera una versión digital para lograr el alcance más amplio posible.
– José Juan Reyes


