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Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?

Exposición
16 enero, 2016
Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?
Jerónimo Hagerman
Enero 16 – Marzo 27, 2016
Curaduría: Mauricio Marcin, Paola Santoscoy, David Miranda
Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

Entre las tres funciones que el arquitecto francés Le Corbusier enumeró como elementales para una casa –entiéndase cualquier construcción habitable–, en segundo lugar está: ser un receptáculo para la luz y el sol. Las otras dos se refieren a proveer refugio del calor, el frío, la lluvia, los ladrones y lo inquisitivo por un lado, y a diseñar un número determinado de espacios (“celdas” les llama) apropiados para cocinar, trabajar y para la vida personal, por el otro. Esta relación entre la arquitectura y la luz, también central para Mathias Goeritz, genera las texturas emocionales de las que se compone nuestra interacción con el adentro y el afuera. Sin luz no hay vida. 

Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

Jerónimo Hagerman ha creado para El Eco una intervención que dialoga con la arquitectura de Goeritz convirtiendo el lugar en un sensorium. La particularidad de esta denominación tiene que ver no sólo con la sensación y percepción de un entorno, sino también con la interpretación de éste. Su intervención es un espacio dentro de otro en donde la luz se hace visible por medio de reflejos, y la vegetación crea un ambiente tanto para la congregación de personas, como para otros visitantes: los pájaros. 

Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.
Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.
Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.
Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

La traza de un círculo –figura inexistente dentro de la arquitectura emocional de Goeritz– sobre la planta del edificio le ha servido a Hagerman para reconfigurar el recorrido de El Eco por medio de una fila de bambúes lo suficientemente altos como para levantar una cortina verde que crea un nuevo espacio para la contemplación de aquello visible e invisible –la luz, el cielo, el aire, la gravedad–, y en donde el interior se funde con el exterior. Es también un espacio para la espera. La espera de esa presencia animal que depende de un orden distinto al de los impulsos humanos. En el patio un conjunto de bebederos amarillos construidos a partir de antenas de TV recicladas están a la espera de pájaros de los alrededores que quieran aprovechar el agua y alimento a su disposición. El artista deposita su confianza en un mecanismo muy sencillo, pero al mismo tiempo muy poco predecible… Los pájaros se llaman entre sí. Uno descubre la comida, ese pájaro le habla a otro y ese a otro y ese a otro y así sucesivamente. Escuché de un hombre en la India que tras un tsunami tomó la responsabilidad de alimentar pericos; hoy alimenta alrededor de 4000 pericos cada día en el techo de su casa. ¿Cuántos pájaros habrán pasado por aquí en el tiempo de la exposición?

Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.
Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.
Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.
Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

En su libro The Architecture of Happiness (La arquitectura de la felicidad), Alain de Botton habla de la manera en que parecemos estar divididos entre una necesidad de anular nuestro entorno o bien adormecernos frente a él, y un impulso contradictorio por admitir la medida en que nuestras identidades están indeleblemente conectadas con, y cambian en relación a, el lugar en el que nos encontramos. De Botton dice que la arquitectura nos habla, nos conforma al tiempo que proyecta ideales de aquello que queremos ser. Tal vez para Hagerman estas palabras de Cervantes están más cerca aún de sus intereses: “Horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse. Para este efecto se plantan alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan, con curiosidad, los jardines”[1] 

Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

La instalación de Hagerman invita al espectador a pensar en la fragilidad de la escala humana y en el lugar que tenemos como sujetos en el universo. Al mismo tiempo abre la posibilidad de sucesos y activaciones a ocurrir durante el tiempo de la exhibición; visitas, charlas, reuniones, conciertos espontáneos. Su obra nos incita a cuestionar y analizar las relaciones entre lo natural y lo construido por el hombre, al tiempo que atiende a la mitología moderna civilizatoria frente a lo salvaje —sea en su proceso de domesticación, el paisaje como valoración estética o el posicionamiento del hombre frente a la naturaleza, o mejor dicho, como parte de ella. Y si pudiera volar… disuelve la figura del artista en favor de una relación con uno mismo y con los demás en una celebración por la influencia que genera el entorno en cada uno de nosotros. 

Paola Santoscoy

Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

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Jerónimo Hagerman (México D.F., 1967). Durante más de una década Jerónimo ha indagado en las posibles posiciones del ser humano ante la naturaleza y dentro de la naturaleza. Sus obras más tempranas oscilaron entre la instalación escultórica y la instalación vegetal, una suerte de paisajismo en donde las plantas alteran con su sola presencia un espacio, modificando tenuemente una atmósfera y produciendo espasmos sensoriales en los visitantes. En México ha expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo unam, Museo de Arte Carrillo Gil, Museo del Palacio de Bellas Artes, entre otros lugares. Ha realizado proyectos en más países como Estados Unidos, Canadá, Japón, Polonia, Francia, España, Singapur Irlanda y Rusia. Entre sus muestras destacan Jardín de olor, una instalación permanente en la Biblioteca de México; Archipiélago, en Matadero, Madrid; Below Level 0 en la Universidad Nanyang, Singapur; Contemplando la invasión, proyecto para la fachada de la Sala de Arte Público Siqueiros y el proyecto de fachada para la Biennal of the Americas, Denver, E.U.A. Ha sido beneficiado con la Residencia fonca-Banff (Canadá, 2009), Askeaton Contemporary Arts (Irlanda, Julio 2010) y Ranchito-Matadero (Madrid, España, 2010). Vive y trabaja alternativamente en la Ciudad de México y Barcelona, España.

Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.

Agradecimientos del artista

A todo el equipo del Eco, a quienes ayudaron a encontrar las antenas y a los que las donaron: Alonso Escudero y Roberto Núñez A., Edith Hernández, Alexis Yasky y familia. Edgar Hernández, Inbal Miller y familia. Eduardo Ruiz Galindo B., Edurne San Sebastián B. y familia, La pandilla Pandal Charlez (Ricardo, Vivian, Max, Tadeo y León). Fernando Casarez, Alejandro Casarez y su equipo, Santiago Borja, las tejedoras de petates de San Luis Atolotitlán, Puebla, y a Agustín Rodríguez Rivas por los bambúes. A mi familia y amigos de aquí y de allá, y a Roger. 

Dedico esta exposición a Jacob y David. 

Y si pudiera volar… ¿qué tan alto llegaría?, Museo Experimental el Eco, 2016. Fotografía: Rodrigo Valero Puertas.