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Pabellón Eco 2020: Cronoboros

Exposición
15 marzo, 2020
Pabellón Eco 2020: Cronoboros
TANAT
15 de marzo – 13 de diciembre, 2020

Cada dos años el Museo Experimental el Eco promueve y produce una intervención arquitectónica como parte de su programa expositivo. A través de una convocatoria, el Pabellón Eco convoca a profesionales involucrados en la práctica arquitectónica en México para que dialoguen con la programación del museo. Con esta edición se cumplen 10 años del Pabellón Eco, un concurso que se inició con la misión de ofrecer una plataforma para la producción arquitectónica con énfasis en la experimentación y la reflexión espacial.

El curador invitado para la 8va edición del Pabellón Eco es el arquitecto Javier Senosiain, conocido por desarrollar proyectos de arquitectura orgánica —o bioarquitectura como él la denomina— sostenidos por la idea de una continuidad armónica entre la naturaleza y las producciones culturales, que suelen inspirarse por formas animales o vegetales. Su trabajo abre líneas de reflexión acerca de los modos en que el conocimiento proveniente de los sistemas naturales se relaciona con el campo de la arquitectura.

El curador propuso tomar como punto de partida al que podría considerarse el primer pabellón —o espacio arquitectónico temporal— que El Eco tuvo: la serpiente de Mathias Goeritz. Esta estructura primaria de inspiración zoomorfa no sólo se integraba plásticamente al espacio, sino también al contexto cultural, pues activaba conexiones específicas con la historia mexicana prehispánica. Si bien la serpiente ya no se encuentra en el patio del museo, su ausencia da pie a que este espacio sea ahora un sitio para la realización de proyectos de diversa índole. Con estas reflexiones como punto de partida, la línea curatorial de este año propuso que los concursantes reflexionaran sobre las capacidades de la arquitectura para trabajar de manera simultánea y armónica con los contextos culturales y naturales, ya sea por medio del empleo de analogías entre formas orgánicas y arquitectónicas o a través de la integración de recursos de orden simbólico.

Un jurado conformado por el arquitecto. Javier Senosiain, el artista Damián Ortega, el arquitecto Miquel Adrià, miembros del Museo Experimental El Eco y de Buró – Buró se reunieron para revisar los 5 proyectos presentados y dar el veredicto a favor del proyecto Cronoboros de TANAT | Diego Rivero Borrell.

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C R O N O B O R O S

En la antigüedad se entendía el cosmos como un todo en constante cambio, en un flujo de movimiento que iba de la vida a la muerte, de la muerte a la vida. Las culturas de la humanidad, asombradas por los procesos naturales del cambio, recurrieron a unidades simples de significado que representaran las transformaciones: los símbolos. El símbolo de la serpiente, Ouroboros, ha sido uno de los más frecuentes, pues está presente en casi todas las civilizaciones y tiempos, teniendo así una multiplicidad de significados que remiten a la diversidad de características que posee; por ejemplo, su avance reptante, su asociación formal a las raíces y ramas de los árboles, su lengua bífida, entre otras. Particularmente, la capacidad para cambiar de piel es uno de sus rasgos más enigmáticos, pues representa el proceso de muerte y vida, de tránsito entre lo viejo y lo nuevo, e inclusive de lo que se niega y se despoja para pasar a un nuevo momento, uno positivo.

Si bien la transformación está presente en todo lo que nos rodea, existe una asimetría entre el tiempo en el que se desenvuelve la naturaleza contra el ritmo exigido por las formas actuales de la vida humana, que provocan no solo que los fenómenos naturales sean invisibilizados y desapercibidos, sino también un desbalance con inminentes repercusiones. Como signo de este alejamiento, la arquitectura ha concebido los espacios en virtud de las necesidades urbanas a partir de la extracción de recursos, dejando de lado la importancia de crear lugares de contemplación que reflejen nuestra experiencia con el cosmos.

Cronoboros propone generar un espacio que celebre la transformación y la temporalidad como características inherentes a la naturaleza y su enlace con la vida humana a través de la contemplación y la expresión artística. Para este fin, convierte el patio en un espejo de agua y rocas en el que, tanto las partes que conforman el sitio (muros y torre) como también los elementos circundantes que a veces pasan desapercibidos como la jacaranda, el cielo, el sol, puedan ser reflejados en una imagen que hace eco de sus formas y colores. De manera similar la presencia del viento se visualiza en el movimiento del agua. La imagen, al estar reflejada, constituye la condición de posibilidad de visibilizar el agua misma, pues ¿qué sería del agua si no reflejara nada?

En el espacio del pabellón se evidencia la imposibilidad de un caminar sin una reacción, sin una huella; cuestionando la importancia del efecto de nuestras acciones; puesto que en cada transformación algo nuevo puede ser creado pero también destruido. Nuestro caminar adquiere relevancia y plantea así una reflexión sobre qué tipo de nuevos trazos imaginamos con nuestro próximo andar.

Textos por Felipe Lanz García y TANAT (Diego Rivero Borrell Maass, Federico Aguayo, Juan Pablo Rangel, Emilio Díaz).

Sólo a través del eco se entra en lo eterno. Distorsionadas memorias de lo que ya no existe, de lo que ya no se siente, pero perdura reverberando en el momento.

Sólo a través del eco se fuga del momento. Distorsionados augurios de lo que aún no existe, de lo que aún no se siente, pero se anuncia reverberando en lo eterno

Agradecemos el apoyo de Azoteas Verdes para la realización de este proyecto, y de Isaac Broid.