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Sangre pesada/ Naomi Rincón Gallardo

Texto curatorial
15 junio, 2019

No están solos
No están solos caminando solos
No están hablando solos
No están soñando solos.
SERAFÍN THAAYROHYADI, La palabra sagrada

El pensamiento occidental ha sido insensible con su contexto y su tiempo; siempre estuvo en contradicción porque situó como base de su universo un modelo de subjetividad individual caucásica, heteronormada, masculina y eurocéntrica, descartando las posibilidades de acompañar su fundamento desde lo natural, lo diverso y lo comunitario. La naturaleza para los occidentales fue un territorio a conquistar, una mercancía en lugar de un hábitat; un instrumento en lugar de una condición intrínseca del ser. La colonización del mundo se justificó a partir de la idea de construir una visión que desplazara la noción de estado natural por el estado de propiedad, como modelo de dominación total a partir de la fuerza y resultado de la imposición ideológica que ordenó destruir todo lo que no fuese consecuente con dicho pensamiento: yo descubro, yo conquisto, yo distribuyo, yo organizo, yo exploto, “yo pienso, luego existo”. Esa visión del mundo ha erosionado el paisaje, sacrificado vidas y enajenado pueblos en poco más de quinientos años, y el conflicto sigue cuando la sociedad “eurotizada” justifica sus agravios, anclada en una noción pragmática del progreso y la prosperidad en aras de un orden que regule las diferencias “salvajes” de la tierra.

En la actualidad, la colonización es tangible en sus efectos: la migración de los pueblos, resultado de las necesidades creadas por los modelos económicos, la hegemonía del mercado global y el agotamiento de los recursos naturales debido a la incesante explotación de la tierra y sus derivados, en cantidades y tiempos enajenados, hacen que el paisaje se convierta en un lugar de constante desvelo resultado del impacto que deja el abuso de la industrialización. En la actualidad, México es un país que representa buena parte de los síntomas de la crisis del pensamiento occidental y modernizador. Se debate entre la construcción de su promesa industrial para aminorar problemas sociales y las batallas por la preservación de la herencia natural y cultural de sus ancestros, dejando en ello un territorio árido y ultrajado, lleno de huellas de lo que fue o pudo llegar a ser, con una tierra que exhala la resaca de la confusión de las diferentes concepciones del mundo artificiosamente irracional, creando un escenario fantasmagórico.

Naomi Rincón Gallardo (Carolina del Norte, Estados Unidos, 1979) es una artista que ha creado una narrativa audiovisual de esta crisis, consecuente con un pensamiento decolonial, mediante performances y encuentros musicales que se resuelven como videoinstalaciones, en los que enuncia, con la creación de ambientes, una lectura alterna, no lineal, de las fracturas y contradicciones del orden del mundo. Sangre pesada es el título del proyecto que Rincón Gallardo presenta en la Sala Daniel Mont del Museo Experimental el Eco, construyendo un espacio para la reflexión abierta sobre la crisis del territorio zacatecano, que fue señalado desde el siglo XVI como una de las regiones mexicanas para la explotación mineral. Esta actividad no ha cesado y continúa aun ahora, dejando en sus fisuras historias de desigualdad y desequilibrios, derivadas de la actividad industrial de esa práctica. Naomi Rincón Gallardo describe Sangre pesada como una fabulación míticacrítica que conjura fantasmas humanos y no humanos que acechan las ruinas de Zacatecas; se refiere a este ejercicio como una conjura fantasmagórica de personajes femeninos, creadores y a la vez destructores, extraídos de cosmogonías mesoamericanas y residuos tóxicos, acentuados en la sangre y los pulmones de los lugareños. La narrativa no-lineal del proyecto la divide en seis partes: Pulmones, Profecía, Colibrí, La dama de los dientes de cobre, La maldición mineral y Sangre pesada: todo ello constituye sustancia crítica del régimen colonial que aún rige e intoxica al mundo.

*Proyecto presentado en la Bienal FEMSA 2019
Imagen superior: Detalle de la exposición Sangre pesada de Naomi Rincón, performer Bárbara Lázara, 2018.