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Nuestro desconocido, nuestro caos, nuestro mar. La Escuela de Valparaíso y su pedagogía del juego

Exposición
14 agosto, 2014
Nuestro desconocido, nuestro caos, nuestro mar.
La Escuela de Valparaíso y su pedagogía del juego
Agosto 14 –  Noviembre 9, 2014
Curaduría: María Berríos

El encuentro entre poesía y arquitectura es la base de lo que hoy se conoce como la Escuela de Valparaíso. Más que una institución académica dedicada a la enseñanza de la arquitectura, se trata de un colectivo que desde 1952 concibe este encuentro desde su poiesis: actos poéticos que se definen en el proceso de aparecer y desaparecer en el espacio. La ética de su enseñanza se opone al reduccionismo de la arquitectura al cuerpo inerte de sus edificaciones y se levanta, en nombre de la poesía, en contra de la mercantilización del habitar humano. 

Este carácter vivencial deliberadamente desmaterializado de gran parte del accionar de la Escuela de Valparaíso, la pedagogía radical de su arquitectura de la experiencia, llama a la consideración atenta de sus actos poéticos como fundamento de su enseñanza y praxis. Si bien suele identificarse a la Escuela con su ‘obra construida’, la más conocida siendo Ciudad Abierta (1971-a la fecha), más que un conjunto de edificaciones las construcciones de la Escuela pueden entenderse como una obra en proceso continuo, campos de juego para la experimentación lúdica-constructiva, organismos vivos animados por la poesía y vida colectiva. La presente exposición explorará los fundamentos de la Escuela de Valparaíso como proyecto pedagógico y modo de acción, entre la década del cincuenta y la del ochenta, en un esfuerzo por dilucidar la base poética de su obra. La propuesta es un recorrido entre múltiples posibles, que sin pretender fijar los orígenes de esta historia, busca hilar los fundamentos pedagógicos-poéticos de esta arquitectura de la acción.

‘Lo colectivo es para vivir un riesgo’[1]
La vida colectiva podría considerarse como condición primera del proyecto pedagógico-arquitectónico desarrollado por la Escuela de Valparaíso. La noción de vida colectiva incluía desde un inicio a profesores, alumnos, y de manera expandida, a la ciudad completa. Todo participante de la vida de la ciudad (transeúntes, ciudadanos, trabajadores, pescadores, amas de casa, oficinistas, escolares…etc.) potencialmente podían formar parte de la vida colectiva de la Escuela. Afirmarán que viven en el ‘riesgo’ de lo colectivo, que refiere a una manera de obrar, entregada a lo que pueda suceder en una situación no controlada, la confrontación continua al resultado impredecible de exponerse unos a otros. Este riesgo se conecta así al ‘coraje’ de abrirse al mundo y abrazar lo desconocido. Su oposición a refugiarse en el cobijo aislado de un edificio, en un territorio fijo o un grupo delimitado de individuos implica también asumir el peligro de ese riesgo: lo colectivo es también vulnerable, está siempre expuesto a su propia disolución –en la ciudad, en la coyuntura, en lo anónimo. Esta concepción del riesgo será elevado por la Escuela a condición y valor epistémico que se traducirá en una disposición continua a aprender las lecciones arquitectónicas que ofrece la experiencia cotidiana de estar en el mundo.

Así el territorio privilegiado de experimentación de la Escuela fue, sobre todo en sus inicios, la ciudad de Valparaíso concebida como laboratorio de investigación y acción poética. La ciudad-puerto y su topografía peculiar sumada a la presencia del mar extendido y las consecuentes condiciones de luz y viento abren nuevos campos de exploración para la Escuela. La transformación del puerto en material pedagógico-constructivo se formaliza en las actividades curriculares de la Escuela, las que incluyen diversos modos de habitar la ciudad. Desde sus inicios la Escuela organiza exposiciones vinculadas a su quehacer, que frecuentemente pueden leerse como manifiestos, un tomar partido por ciertas maneras de vivir y entender el espacio, y en ocasiones cobrarán un carácter abiertamente político [2] 

Poética del ‘propio Norte’
Es mediante este habitar poético, que la Escuela busca encontrar un ‘vuelo propio’, una modernidad americana heterodoxa que se gesta en su propia experiencia y presente [3]. Lo hará posicionándose desde ‘El interior de América, nuestro desconocido, nuestro caos, nuestro mar’ [4]. La poesía de la acción del grupo de Valparaíso no es estética sino un proceso corpóreo: ‘proceso entendido como poiesis –tarea ineludible del hombre de hacer mundo’[5]. Es en este proceso que los actos poéticos de la Escuela, y lo que llamarán la phalene, un tipo particular de acto poético, se convertirán en el núcleo de sus prácticas. La phalene, podría entenderse como una poesía viva en el que cada participante debe intervenir, a su manera, de acuerdo a los mandatos del acto mismo. Este proceso de obrar en conjunto será denominado trabajo ‘en ronda’, e irá desarrollándose y modificándose en la praxis[6]. La phalene, al igual que los tempranos recorridos por la ciudad, transforma el espacio que habita, tiene una función casi mágica, aunque para la Escuela es poética y arquitectónica, algo así como un método lúdico para el ejercicio de habitar. La historia de los actos poéticos de la Escuela es escurridiza justamente por esta desmaterialización intrínseca a su ‘juego de desaparecimiento’[7], que se arriesga a perderse en lo colectivo, en la ciudad, en el mar interior de América. 

La phalene, fiel a su cualidad intrínsecamente libre y errante, recorre el mundo e inicia un proceso de multiplicación de tal magnitud que resulta imposible seguirle la pista. Hacia fines de 1964, la Escuela haría público lo que podría considerarse su despropósito más ambicioso: una épica expedición geopoética al mar interior de América. A fines de ese mismo año, una phalene realizada en la caleta de Horcón ya afirmaba ‘la vocación oceánica’ del grupo. En esa celebración del Pacífico, hubo concurrencia de todos los participantes de la vida colectiva de la Escuela: profesores, alumnos, amigos e invitados y los pescadores de la caleta de Horcón. Hubo bailes, cantos, juegos, ofrendas, y cada alumno diseñó dos platillos idénticos para invitar a un desconocido a participar del festín con que terminaría el día. Envueltos en una especie de toga romana-minivestido y un tocado medio camino entre hélices de avión y pequeños molinos de viento –los participantes de la phalene frecuentemente visten una indumentaria lúdica a medio camino entre esculturas y arquitectura pret-a-porter– un grupo de alumnos realizó una declamación colectiva y a viva voz de un poema épico de la conquista de Chile, ‘La Araucana’(1556-1589) de Alonso de Ercilla. Hubo lecturas poéticas, arriba de los botes de los pescadores, que se alternaron con el lanzamiento de un signo escultórico al agua. Una ofrenda blanca y cúbica, que quedó flotando allí, en la orilla del pacífico, en homenaje a los pescadores perdidos en el mar, cuyos nombres declamaron uno a uno. El acto se clausuró con un ‘banquete elemental’ de asado de cordero, pescado y vino. En la Phalene de Horcón los poetas-arquitectos del grupo de Valparaíso celebraron el oficio y el coraje de los pescadores – cuya intimidad y experiencia tiene tanto que enseñarles sobre el mar y el viento, como la hidráulica y la aeronáutica. Algunos meses después, en 1965, una comitiva internacional de poetas, filósofos, arquitectos, pintores, y escultores, enviados oficiales de la Escuela de Valparaíso, parten rumbo al interior desconocido de América para hacer ‘frente a su mar de dentro’. Desde Tierra del Fuego, entre los océanos Atlántico y Pacífico, se dirigen vía la Pampa, hacia Santa Cruz de la Sierra declarada por ellos mismos ‘nueva capital de América’. Esta cruzada por la poesía viva, dará lugar a un nuevo lenguaje: Amereida, una Eneida para América. La que no fue descubierta por los conquistadores sino inventada, y al revés. La Travesía será un verdadero viaje ‘Mito-Poietico[8], del cual América saldrá transformada. Lo que todo el globo denomina Sur, se vive como ‘el propio Norte’, pero no en el sentido privativo de la propiedad, sino en el juego libre del habitar humano y su arquitectura para la vida colectiva: ‘El temible juego de su libertad poética. América Abierta. América Libre, América sin dueño es Amereida’[9].

El montaje fue en colaboración de Felipe Mujica.

*Material de archivo cortesía del Archivo Histórico José Vial Armstrong, de la PUCV

  1. ‘Improvisación del señor Alberto Cruz’. Transcripción de aula improvisada por Alberto Cruz en el Pabellón construído por la Escuela de Valparaíso para Primera Conferencia de Facultades Latinoamericanas de Arquitectura, Universidad Católica de Santiago, 1959.
  2. Para una lectura de la historia política de la Escuela, incluyendo su rol central en la Reforma Universitaria de 1967 en Chile ver: María Berríos, ‘Tácticas de invisibilidad. Arquitectura, juego y desaparición’, Revista Marcelina Nº6, 2011.
  3. La noción de la Escuela de Valparaíso como un modernismo heterodoxo es de Fernando Pérez, ver: ‘Ortodossia/eterodossia. Architettura moderna in Cile’. Casabella. no 650 (noviembre 1997), pp. 8–16. La propia Escuela aclara que: ‘El presente real nada tiene que ver con modas, demagogias nostálgicas, reaccionarias o “futuristas” ‘, Exposición 20 años Escuela de Arquitectura. Museo Nacional de Bellas Artes, 1972. Texto pizarrón 22-23.
  4. Exposición 20 años, op.cit., pizarrón 28.
  5. Será así como el arquitecto Manuel Casanueva define el ámbito del proyecto del Curso de Cultura del Cuerpo del que se hará cargo como profesor de la Escuela a partir de los años setenta. Ver: Manuel Casanueva, Libro de los Torneos, Ediciones UCV, 2011, p.25.
  6. La ronda se vuelve también método de diseño y construcción en los proyectos de arquitectura y diseño de la Escuela, un caso emblemático de esto es Casa Cruz, 1958-1961.
  7. Godofredo Iommi describe así los actos poéticos de la Escuela en su ‘Segunda Carta sobre la Phalene’ en Dos Conversaciones con Godofredo Iommi, UCV, 1984, p.2, (primera edición del texto 1969).
  8. El término es de Alejandro Crispiani, ver: Objetos para transformar el mundo. Ediciones Universidad Nacional de Quilmes/ Ediciones ARQ, Buenos Aires-Santiago: 2010 (especialmente: Capítulo V. El acto poético). Sobre la phalene ver también: Fernando Pérez, ‘The Valparaíso School’ en The Harvard Architecture Review, Volume 9, 1993, pp. 82–101.
  9. Exposición de los 20 años, op.cit. pizarrón 43.