El Chinero, un cerro fantasma

Exposición
18 abril, 2022
El Chinero, un cerro fantasma
Bani Khoshnoudi
Abril 23 – Junio 26, 2022
Curaduría: Michel Blancsubé
Imágen de la instalación en 16mm “El Chinero, un cerro fantasma” de Bani Khoshnoudi.

La piedra no dice mucho porque sus signos elementales no se destacan lo suficiente;
es una palabra garabateada, mal escrita; hay letras, lo sabemos; sin embargo, no podemos descifrarlas.
Théodore Simon Jouffroy (1845)

Los hechos al origen de este proyecto ocurrieron a principios del siglo pasado. Se dice que tuvieron lugar al pie de un cerro situado al sur de Mexicali, en Baja California. La elevación en cuestión se llama El Chinero, probablemente en memoria de los chinos y otros asiáticos que supuestamente murieron en su sombra, aunque no existe ninguna escritura precisa que de fe de esa denominación ni de esos acontecimientos.

Se suele pensar que los primeros grupos humanos fueron itinerantes antes de establecerse de manera permanente en comunidades en sitios escogidos a menudo cerca de fuentes de agua, mar y ríos: el nomadismo antes de la sedentarización. Dicho esto, a lo largo de la historia se han producido grandes y numerosos movimientos de población. Huir de las guerras, de los desastres climáticos, de las epidemias, de las hambrunas y de la mala gobernanza en general han provocado éxodos repetidos desde siempre. La supervivencia y la búsqueda de mejores condiciones de vida son los principales motivos de los migrantes para migrar. Describir estos fenómenos en el pasado para iluminar y pensar el presente es un método que usan artistas, historiadores, periodistas y pensadores en general sin ninguna restricción.

Bani Khoshnoudi, artista y cineasta de origen iraní, trabaja desde hace varios años en el tema de la migración. ¿Cómo evocar y tratar de restituir hechos que datan de hace más de un siglo y que casi sólo de boca en boca ha conservado la memoria? ¿Cómo descifrar testigos mudos que son piedras en un paisaje desolado? ¿Cómo ver lo invisible en lo visible, lograr distinguir hoy en el lugar mismo lo que ha pasado y desaparecido? Estos temas apasionaron y alimentaron gran parte de la reflexión estética al inicio del siglo XIX. Fotografiar desechos esporádicos que demuestran presencias humanas en algún momento en este sitio desértico participa de esta tentativa de capturar el saber del lugar. Aunque no explícitamente enunciada, la tentación de encontrar objetos hipotéticamente protagonistas de lo ocurrido que casualmente cruzaron el tiempo, es real. Un cactus estira sus largas hojas secas sobre un suelo árido. Una cámara de 16 mm interroga lentamente la línea rota de un límite, acariciándola, límite entre tierra y cielo donde uno acaba cuando el otro inicia. Aunque cada vez con más dificultad, la naturaleza sigue absorbiendo nuestra historia, la digiere, la borra y también la guarda, a veces, escondida en sus pliegos y abismos. El blanco y negro usado revindica de antemano una ambición estética. También genera automáticamente el sentido que estamos dirigiendo nuestra atención al pasado.

Convertir El Chinero en santuario, de teatro de acontecimientos trágicos a santuario. Al mismo tiempo cuestionar otra vez la imposibilidad del monumento. En lugar de permitir recordar, el monumento entierra a menudo por segunda vez lo que está supuestamente encargado de mantener vivo. El argumento avanzado para justificar la construcción de tales memoriales dice que recordar los peores momentos de la historia hace que no vuelvan a ocurrir. Tocamos aquí otro límite: el de la retórica política. Desafortunadamente, todas las estatuas, todos los mausoleos y otros lugares conmemorativos construidos para, por ejemplo, honrar la memoria de las víctimas del Holocausto –el genocidio más citado del triste panorama– no pudieron evitar el genocidio de Camboya ocurrido durante la segunda mitad de los años 1970 ni el de Ruanda en 1994.

Michel Blancsubé

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De origen iraní, Bani Khoshnoudi estudió arquitectura, fotografía y cine en la Universidad de Texas en Austin. Es directora de cine y artista visual cuyo trabajo aborda el desplazamiento, la historia del exilio, la violencia y la memoria colectiva. En 2008, fue invitada al prestigioso Independent Study Program del Whitney Museum of American Art y su trabajo ha sido exhibido en lugares como el Centro Pompidou y la Fundación Cartier en París, el ICA en Londres y la Fundación Serralves en Porto y en galerías como Art in General en Nueva York y el Townhouse Gallery en Cairo. Su película ensayo, THE SILENT MAJORITY SPEAKS figura entra las 10 películas indispensables según la curadora Nicole Brenez y fue incluida en la exposición “Sublevaciones” del filósofo Georges Didi-Huberman en el Museo Jeu de Paume a París.

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Michel Blancsubé es curador independiente con base en la Ciudad de México. Fue asistente de curaduría en el Musée d’art Contemporain de Marsella (1996-2001), jefe de registro (2001-2012) y curador (2006-2015) de Fundación Jumex arte Contemporáneo.

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Programa público
Viernes 29 de abril, 1 pm. – Visita guiada con Bani Khoshnoudi y Michel Blancsubé.
Jueves 5 de mayo, 6 pm. – De la Invitación al Desalojo: Discriminación a la comunidad china en México. Conferencia por el Maestro Ricardo Ham.
Jueves 12 de mayo, 9 de junio y 7 de julio – Grupo de lectura (cerrado)
Sábado 18 de junio, 1pm. – Visita guiada con Michel Blancsubé.


El Chinero, a phantom hill
Bani Khoshnoudi
April 23 – June 26, 2022
Curatorship: Michel Blancsubé

The rock does not say much because its elemental signs do not stand out enough;
it is a scribbled, badly written word; there are letters, that much we know; yet we cannot decipher them.
Théodore Simon Jouffroy (1845)

The events at the origin of this project date back to the beginning of the last century. They are thought to have taken place at the foot of a hill located south of Mexicali, in Baja California. The elevation in question is called El Chinero, most likely in memory of the Asians, in particular the Chinese, who allegedly died here, although there is no written account of the occurrence or official deed that attests to the name.  

It is thought that early humans were nomadic before establishing their communities at chosen sites, often by sources of water like oceans and rivers. Nomadism before sedentism.  That said, throughout history there have been many large population movements. Fleeing wars or natural disasters, epidemics, famine or bad government, people have constantly and repeatedly been in exodus. Survival and a search for better living conditions are the principal motives of migration.  Artists, historians, journalists, and thinkers in general, often portray these phenomena from the past in order to think about the present.

Bani Khoshnoudi, artist and filmmaker of Iranian origin, has worked for many years on themes related to migration. How does one evoke and return to events that took place over a century ago, maintained within memory by simple oral history?  How can one transcribe silent witnesses; rocks within a deserted landscape?  How can we see the invisible within the visible; distinguish something that has occurred but has since disappeared at this same site? These questions inspired and nourished many aesthetic reflections at the beginning of the 19th century. Photographing the sporadic, discarded materials where a human presence existed at some point at this site in the desert, contributes to this attempt to capture the knowledge of the place.  Although never specifically stated, there is a concrete temptation to find hypothetically protagonistic objects that attest to what happened and that have casually traversed time periods.  A cactus draws out its long, dry branches on an arid plane.  A 16mm film camera slowly interrogates and gently caresses the broken line of a limit; this limit between land and sky, where one ends and the other begins.  Although with increasing difficulty, nature continues to absorb our history, digesting it, erasing it, but also keeping it sometimes hidden within its folds and depths.  The black and white images assert, at the fore, an aesthetic search. They directly orient our attention towards the past.

Converting El Chinero into a sanctuary; from theatre of tragic events into sanctuary, while at the same time questioning once again the impossibility of the monument itself.  Instead of allowing us to remember, the monument often times buries once again that which it is supposed to keep alive. In order to justify the construction of such memorials, the idea is put forth that remembering the worst moments of history can keep them from occurring once again.  Here we touch another limit, that of political rhetoric.  All the statues, mausoleums and other commemorative places that were constructed to honor, for example, the remembrance of Holocaust victims –the most cited genocide within this sad panorama- could not prevent the genocide in Cambodia which took place in the second half of the 1970s, nor what happened in Rwanda in 1994.

Michel Blancsubé