Mathias Goeritz

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Werner Mathias Goeritz Brunner (Danzig, Alemania, 4 de abril de 1915/ actualmente Gdansk, Polonia – Ciudad de México, México; 4 de agosto de 1990).

En el año 1948 el periodista, escritor y filósofo Eugenio d Òrs nombró al joven artista Mathias Goeritz miembro de la Academia de las Artes en España, en reconocimiento a un proyecto que desarrolló en Santillana del Mar junto con los artistas Ángel Ferrant, Ricardo Gullón y Pablo Beltrán Heredia, con quienes compartió el interés de fomentar el desarrollo del pensamiento de la modernidad desde el arte abstracto, en un proyecto pedagógico llamado Escuela de Altamira. Dicho proyecto emergió como resultado de una exposición colectiva de pintura de la comunidad local. A Mathias Goeritz ,quien años antes había desarrollado un particular interés por la pedagogía al entender aquella práctica como un proceso amplio de producción artística paralelo a las técnicas clásicas de la academia del arte, le interesaba confrontar conceptos filosóficos con la experiencia obtenida al estudiar movimientos de vanguardia europea, en los que la emoción y el misterio de la forma pudieran devenir en un estado de ánimo que hermanara a los seres humanos desde su experiencia con el arte. Y es que, la guerra que en ese momento acababa de abatir a la tranquilidad de buena parte del mundo, no dejaba más espacio para las ideas de progreso y modernidad, desde un carácter evolutivo de acumulación en los lenguajes del arte. Los ismos y el espíritu de vanguardia se transformaron en deseos humanitarios, que en mucho colaboraron en diluir la condición lineal de la historia del arte. No es raro entonces que aquel proyecto pedagógico que tenía como una de sus principales misiones la ampliación de los lenguajes, las técnicas y los modelos de representación de la expresión de los artistas de una localidad provincial, tuviera como principal lema: “todos los hombres, por fin hermanos, se convierten en artistas”. El interés de muchos artistas del lugar fue reconocido por un sector de la Academia, al percibir el júbilo de participación de varios pintores locales en la propuesta de Goeritz y sus camaradas, al grado de ser considerado en su momento como un proyecto que revitalizaría a la práctica artística local. Sin embargo, en su discurso de investidura como miembro distinguido de la academia en Madrid, Goeritz criticó fuertemente a la institución y a la mala prensa de arte del lugar, lo que provocó que en un par de días fuera expulsado de la misma y como consecuencia, le fuese negado su visado en España.

Ante la imposibilidad de permanecer más tiempo en España, Goeritz viajó a México gracias a la recomendación que el artista Alejandro Rangel Hidalgo hizo al Arquitecto Ignacio Díaz Morales, quien trabajaba en la construcción del programa de estudios de la entonces recién inaugurada Escuela de Arquitectura de Guadalajara, fue Díaz Morales quien apoyado por el entonces rector de la universidad Jorge Matute Remus, quienes posibilitaron la estancia de Goeritz en México, para dar inicio a su hoy renombrado Taller de Educación Visual en 1949. Es en ese contexto donde conoció al ingeniero Luis Barragán y al pintor Jesús Reyes Ferreira, con quienes en años siguientes realizó varios proyectos de relevancia para la historia del arte y la arquitectura mexicanas. El Museo Experimental el Eco es una de sus obras más significativas, considerada una obra crucial en la historia del arte moderno mexicano, el edificio fue inaugurado en 1953 a petición del empresario mexicano Daniel Mont.

En 1957 Goeritz colaboró con el arquitecto Luis Barragán y el pintor Jesús Reyes Ferreira, y realizó su obra más conocida: las Torres de Satélite, inaugurada en marzo de 1958, como emblema de la nueva Ciudad Satélite, que en ese entonces se erigía como uno de los símbolos del proyecto de modernización nacional más relevante; paralelo a esta obra realizó las Torres de Temixco en el Estado de Morelos y los vitrales de la Capilla de San Lorenzo Mártir en la Ciudad de México, renovando en la escena lo que hasta ese momento se reconocía como arte sacro. Estos proyectos lo influyeron para que en 1959, después de la muerte de su esposa Marianne Gast, comenzara la serie de obras bidimensionales conocidas como Mensajes dorados, obra monocromática que incluye a la hoja de oro como material espiritual. Goeritz definió a su proceso de producción artística como una oración plástica, dicha serie culmina con la exposición del mismo nombre en la Galería Carstairs de Nueva York en 1962. Los Mensajes dorados fueron los precursores de su colaboración con Luis Barragán en el proyecto del altar de la Capilla de las Capuchinas en la Ciudad de México en 1963. En 1964 realizó la escultura de la Estrella de David, las torres y los vitrales de la sinagoga Maguen David, y en 1967 la celosía del Hotel Camino Real, en la Ciudad de México. Un año después con motivo de los Juegos Olímpicos de 1968, Mathias Goeritz promovió la creación de un circuito escultórico urbano conocido como La ruta de la amistad en el anillo periférico de la Ciudad de México, proyecto que incluyó el trabajo de más de una decena de escultores extranjeros que representaron a varios países. De 1978 a 1980 realizó una pieza colectiva en el Espacio escultórico en colaboración con los artistas Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Hersúa, Sebastián y Federico Silva, dentro de uno de los terrenos de Ciudad Universitaria. En este periodo realizó también el Laberinto de Jerusalén en Israel, mientras que en 1988 construyó la torre de la Fundación Miguel Alemán de la Ciudad de México. Para 1990 se terminó su obra Monograma AMT en Jerusalén, después de su fallecimiento el 4 de agosto del mismo año.

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