Y si pudiera volar…¿qué tan alto llegaría?

Jerónimo Hagerman

16 enero, 2016 - 27 marzo, 2016

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Micro paisaje de musgo en loseta de barro del Patio del Eco

Para el arquitecto francés Le Corbusier existían tres funciones elementales para una casa –entiéndase cualquier construcción habitable–. En la primera, se refiere a la casa como un proveedor elemental y refugio básico que proteja al ser humano del calor, del frío, la lluvia y distintas amenazas externas; de lo inquisitivo, de lo desconocido, como por ejemplo un ladrón. En la segunda, al espacio como receptáculo primario para la luz y el sol, y en la última hace referencia a un número necesario de espacios (“celdas” les llama) que contemplen y sostengan actividades como cocinar, trabajar y para la vida personal, concebidos por el otro. Para Le Corbusier, la arquitectura contempla un juego sabio de los volúmenes bajo la luz. Una percepción del exterior que es reflejada en la percepción de la habitabilidad interior. Esta relación entre la arquitectura y la luz, también central para Mathias Goeritz, genera las texturas emocionales de las que se compone nuestra interacción con el adentro y el afuera. Sin luz no hay vida. Desde los principios de la humanidad se han intentado iluminar – ya sea natural o artificialmente- los espacios interiores habitados por el ser humano. Desde la construcción de ojivales góticos donde era concebida la entrada máxima de luz, construidos acorde con dicho estilo, o en el caso de los ventanales renacentistas, que huían de la penumbra de las estructuras de la época.

Jerónimo Hagerman ha creado para El Eco una intervención que dialoga con la arquitectura de Goeritz, convirtiendo el lugar en un sensorium; un aparato o facultad sensorial, considerado como una unidad o un todo. La particularidad de esta denominación tiene que ver no sólo con la sensación y percepción de un entorno, sino también con la interpretación de éste. Su intervención es un espacio dentro de otro, en donde la luz se hace visible por medio de reflejos. Y también ocupa un espacio la vegetación; la cual crea un ambiente tanto para la congregación de personas, como para otros visitantes: los pájaros. Ampliando así el campo para el análisis que Hagerman a lo largo de su producción ha explorado, investigando los distintos vínculos emocionales y espaciales entre un sujeto y la naturaleza.

La traza de un círculo –figura inexistente dentro de la arquitectura emocional de Goeritz– sobre la planta del edificio, le ha servido a Hagerman para reconfigurar el recorrido de El Eco por medio de una fila de bambúes, lo suficientemente altos como para levantar una cortina verde que crea un nuevo espacio para la contemplación de aquello visible e invisible –la luz, el cielo, el aire, la gravedad–, y en donde el interior se funde con el exterior. Es también un espacio para la espera. La espera de esa presencia animal que depende de un orden distinto al de los impulsos humanos. Hagerman busca reflejar la contraposición del humano frente a la naturaleza. En el patio, descansan un conjunto de bebederos amarillos construidos a partir de antenas de TV recicladas, las cuales están a la espera de pájaros de los alrededores que quieran aprovechar el agua y alimento a su disposición. El artista deposita su confianza en un mecanismo muy sencillo, pero al mismo tiempo muy poco predecible esperando un efecto dominó de la naturaleza: un pájaro descubre la comida, se llaman entre sí, ese pájaro le habla al otro, ése pájaro viene a comer y le habla a otro y ese a otro y así sucesivamente.

“Escuché de un hombre en la India que tras un tsunami tomó la responsabilidad de alimentar pericos; hoy alimenta alrededor de 4000 pericos cada día en el techo de su casa”.

 ¿Cuántos pájaros habrán pasado por aquí en el tiempo de la exposición?

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Jerónimo Hagerman (México D.F., 1967) Hagerman indaga posibles posiciones del ser humano ante y dentro de la naturaleza. Sus obras más tempranas oscilaron entre la instalación escultórica y la instalación vegetal; una suerte de paisajismo en donde las plantas alteran con su sola presencia un espacio, modificando tenuemente una atmósfera y produciendo espasmos sensoriales en los visitantes.

Hagerman ha expuesto en México y en el extranjero. Entre sus exposiciones colectivas destacan; Undercover: a dialect, Visual Center for Contemporary Art, Carlow, Irlanda (2013); ABCDF Portraits of Mexico City, Museum of Contemporary Art (Mot) Tokio, Japón (2013) y Transurbanic, Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), México, D.F., México (2011). También ha exhibido en diversas ocasiones de manera individual entre las que destacan; Mirror Man, Askeaton Contemporary Arts, Irlanda (2014); Jardín prismático, para las oficinas de la Dirección General de Bibliotecas del proyecto de la arq. Tatiana Bilbao, Biblioteca de México, La Ciudadela, México D.F.(2013); Jardín Vecinadrio, proyecto de Obstinado Tepito, México D.F.(2012) y Archipiélago, sistema modular dinámico hexagonal de islas vegetales, Matadero, Madrid, España (2011). Ha sido beneficiario en distintos programas de becas y residencias como; Residencia FONCA-Banff (Canadá, 2009), Askeaton Contemporary Arts (Irlanda, Julio 2010) y Ranchito-Matadero (Madrid, España, 2010). Actualmente vive y trabaja entre la Ciudad de México y Barcelona.

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Póster de la exposición AQUÍ

Sullivan 43 Col. San Rafael Del. Cuauhtémoc, México D.F. CP 06470. Todos los derechos reservados 2013.