JE NE SAIS SI C’EN EST LA CAUSE / No sé si eso sea la causa

Mario García Torres

09 junio, 2011 - 21 agosto, 2011
Evento relacionado: Mario López Landa. Junio 30, 2011.

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IMG_0662En los años sesenta, el artista francés Daniel Buren creó dos murales en el Grapetree Bay Hotel en la isla de St. Croix. Recién egresado de la universidad, el joven artista fue invitado a hacer estas obras debido a las conexiones de negocios de su familia con el abogado del hotel, Thibaut de Saint Phalle. El artista llegó a la isla en 1960 y completó en el sitio un grupo de obras figurativas para el enorme comedor del hotel. Regresó en 1965 para hacer un mosaico en el área de la alberca. Su interés en el formato mural se derivaba, en parte, de sus experiencias en México en 1957 donde vio los murales de Diego Rivera y conoció a David Alfaro Siqueiros.

A Buren se le dificultó la realización de estas obras y expresó su disgusto en escritos de aquel periodo de su vida; pero en retrospectiva, llegaron a tener un lugar importante en su desarrollo artístico. Tiempo después, reconoció estas piezas como sus primeros proyectos in situ, una característica central en su influyente práctica del arte conceptual, la cual comenzaría hacia finales de aquella década. Su estilo personal o “firma” consistía en obras compuestas de rayas audaces y muy marcadas, tomadas de los toldos de tiendas, que empezó a exponer dentro y fuera del contexto de las galerías. Las piezas, en forma de carteles de papel, se pegaban en las calles de Europa y Estados Unidos y se entendían como un gesto para derribar las fronteras tradicionales entre el arte y la vida, la calle y el museo. Estas obras, con influencia de la filosofía deconstructivista francesa, resaltaban el entorno en el que se colocaban, de modo que facilitaban el camino a otros artistas, hacia la integración de nuevos contextos sociopolíticos, en la producción de arte contemporáneo.

La construcción del Grapetree Hotel comenzó a principios de 1960 en la costa sur de St. Croix. El desarrollo del hotel formaba parte de la transición económica de la isla de una economía agrícola, basada en la producción de azúcar, a una economía turística. Estados Unidos compró St. Croix al gobierno danés, con fines militares, sin embargo, en el periodo de la posguerra, Estados Unidos fomentó la inversión privada en turismo como un intento de estimular la fallida economía de la isla.

Desde el principio, el hotel tuvo problemas financieros. Tardó cuatro años en abrir sus puertas, ya que los administradores locales manejaron mal los millones de dólares invertidos por el estadounidense Fairleigh Dickinson Jr., lo que provocó complicadas batallas legales y financieras en las que se involucró el abogado Saint Phalle. Se gastaron grandes sumas en anuncios para promover el hotel, incluido un disco descaradamente promocional del músico de percusiones Pedrito Altieri. El hotel se mantuvo abierto durante 20 años y atrajo a muchos turistas hacia sus atractivas playas. Pero luchó de manera continua para permanecer abierto hasta que, en 1989, el devastador huracán Hugo obligó a que sus puertas se cerraran.

A principios del año 2000, Mario García Torres se interesó en la anécdota de los murales, su problemática y lugar fundamental en la obra de Buren. El artista mexicano comenzó a investigar de manera exhaustiva, así como la ubicación de los murales en la isla, en la época poscolonial, y las diversas batallas legales y financieras alrededor de estos. En 2005 visitó la isla y el hotel abandonado. Los murales del comedor habían sido eliminados, pero la obra en mosaico del área de la casa de la alberca aún era visible. García Torres documentó fotográficamente el estado de entropía en el que se hallaba el hotel. Estas imágenes, proyectadas en diapositivas al lado de fotografías históricas y de los materiales promocionales, le dan forma a la instalación Je ne sais si c’en est la cause presentada en El Eco. El título de la pieza es una frase tomada de una carta que Buren escribió a su familia mientras trabajaba en los murales, en la que los describe como obras fallidas. Como parte del proyecto, García Torres reproduce este texto en forma de una canción melancólica, grabada con el músico mexicano Mario López Landa. Ésta se oye en la instalación desde una vieja tornamesa, seguida de un corto texto que narra la historia del hotel y las obras que ahí se realizaron.

En los últimos 10 años, García Torres ha desarrollado una práctica artística en la que incluye una exhaustiva investigación sobre momentos de la historia del arte poco conocidos, mediante la indagación y exhibición de sus descubrimientos de manera muy subjetiva y que, por lo general, están imbuidos de un sabor ficticio. El artista está siempre presente en la documentación de su investigación. A veces tiene un papel protagónico, otras, más indirecto. En las diapositivas del Grapetree Hotel, en sus habitaciones y terrazas desvencijadas, invadidas de escombros y plantas tropicales, el espectador puede notar ligeras intervenciones que parecen realizadas por el artista, Daniel Buren. Un teléfono está descolgado, dos persianas aparecen colocadas de manera deliberada una encima de la otra, hay pedazos cuadrados de tablaroca recargados contra una pared pintada, formando una instalación estética. Una imagen se enfoca en una puerta de madera colocada en una pared, hecha de piezas verticales de madera pintada, lo que evoca, de manera significativa, las obras rayadas de Buren.

El proyecto de García Torres articula una reflexión sobre cómo la historia se usa y construye de manera continua en retrospectiva; cómo se le manipula perpetuamente después de que ocurre. Estas obras exploran lasficciones, la política y la creatividad inherentes a la historia. Sus investigaciones artísticas no son nostálgicas, sino que buscan modelos generativos. En Je ne sais si c’en est la cause el joven artista amplía y compromete la lógica inherente a la práctica conceptual de Buren, para producir esta pieza contemporánea, mediante su exploración del contexto sociopolítico donde el artista francés realizó sus primeras obras para un sitio específico.

Esta instalación se presentó originalmente en 2009 y se mostró por primera vez en México en El Eco. Para el museo, García Torres adaptó la obra a las características de la arquitectura única de Mathias Goeritz. Específicamente, eligió no oscurecer por completo el espacio, sino incorporar a la instalación los efectos cambiantes de la luz que se experimentan a lo largo del día en el edificio. En muchos momentos, las diapositivas se mostraban pálidas y decoloradas por el sol del verano, y mientras el sol se apagaba, se veían con mayor definición. Las sillas, que hacen referencia a un lugar de vacaciones, ofrecieron al público la oportunidad de sentarse, leer y contemplar estas imágenes enigmáticas y solitarias, así como escuchar la grabación que resonaba, proveniente de una parte lejana del edificio.

Tobias Ostrander.

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Mario García Torres (Monclova, México, 1975). Vive y trabaja en la ciudad de México. Su trabajo es conocido por su aproximación, a veces nostálgica, a la historia del arte conceptual. Actualiza muchas de las narrativas olvidadas y las trae al presente, generando nuevas ideas y significados. Mediante sus intervenciones, slideshows, videos e instalaciones, García Torres replantea la historia del arte contemporáneo de una manera personal y crea lo que ha bautizado como “Estética de la información”. Algunas instituciones en las que ha tenido exposiciones individuales son: Museo Reina Sofía, Madrid (2010); Fundación Joan Miró, Barcelona (2009); Universidad de California Berkeley Art Museum and Pacific Film Archive, Berkeley (2009); Kunsthalle Zürich, Suiza (2008) y Stedelijk Museum, Amsterdam (2007). Ha participado en múltiples bienales, incluyendo la 29o Bienal de São Paulo, Brasil (2010); Taipei Biennial (2010); 52o Biennale di Venezia (2007); 8o Panamá Bienial (2008). Fue ganador del Cartier Award del Frieze Art Fair (2007).

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