Decir densidad mineral

Beatriz Zamora

26 enero, 2019 - 24 marzo, 2019
Evento relacionado: Inauguración de exposiciones. Enero 26, 2019.
Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

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Fotografía: Gabriel de la Llera

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Fotografía: Gabriel de la Llera

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Fotografía: Gabriel de la Llera

Fotografía: Gabriel de la Llera

Desde 1978, todas las obras producidas por esta artista se titulan de la misma manera: El Negro; tienen fecha y números consecutivos que hoy día llegan a cerca de las 3,500. Beatriz Zamora habla de haber “llegado” al negro, al color que ha marcado su producción de las últimas cuatro décadas tras de haber explorado con el uso de tierras sobre lienzos en una pieza que tituló La Tierra, y que en ese momento ella vinculaba al deterioro ecológico. En sus palabras, no se trata de una elección, sino de mirar un problema y entregarse a una búsqueda. Su encuentro con el negro, con la densidad matérica que se aparta de las técnicas tradicionales de la pintura, la ha llevado a generar a lo largo de los años una serie de planteamientos monocromáticos o, mejor dicho, acromáticos de diferentes intensidades, temperaturas y personalidades.

Arribar al negro. No como una fórmula y tampoco como un fin, sino como una interrogación constante, una búsqueda persistente y valiente en demasía, reiterando una posición desde el arte y la vida. Jorge Alberto Manrique escribió sobre Zamora: “Ella es de esa clase de artistas para los cuales la obra no es válida en sí misma sino sólo como medio para alcanzar algo mucho más amplio, que está del otro lado de la obra, pero que es sólo accesible por ella.” Zamora hace énfasis en cómo en el universo predomina el negro de la oscuridad del espacio exterior, lo inconmensurable. El Negro de Beatriz Zamora rebasa todas las connotaciones culturales que se asocian con este color y trasciende el horizonte. Eso que está del otro lado de la obra o incluso, diría, más allá de ella, es una especie de más allá del horizonte, un “no horizonte” en relación con el paisaje terrestre y también en relación con la pintura y la representación. Pero también ese negro, esos muchos negros, son maneras de hacer frente a aquello que no alcanzamos a comprender y, muchas veces, ni siquiera a enunciar.

El espectro de materiales que utiliza está dado por las limitaciones de únicamente recurrir a pigmentos y minerales negros. No pinta propiamente; combate con el cuerpo de manera gestual trabajando en el piso, encima de la obra, con una mirada cenital, construyendo poco a poco con las manos superficies de distintas densidades. Utiliza materiales provenientes de la naturaleza, como carbón, carbón de piedra, negro de humo, grafito, cloruro de silicio. Cada uno de estos materiales y sus combinaciones refractan la luz, por lo tanto, no hace una representación formal de la luz, como lo haría la pintura. Su no figuración y la escala de las obras tiene un eco en el expresionismo abstracto estadounidense, y más específicamente en el llamado color field painting (en donde “se libera el color del contexto objetivo y se convierte en el sujeto en sí mismo”), con el cual estuvo en contacto durante una larga estancia en la ciudad de Nueva York en los años ochenta.

El emplazamiento de estas obras en la Sala Mont del Museo Experimental el Eco, un espacio de ángulos marcados y con entrada de luz natural, funciona en contraposición a la idea del cubo blanco como un espacio neutro para la obra de arte. En cambio, ella busca un diálogo con la luz y la sombra generada por la arquitectura de Mathias Goeritz que invita a la meditación. Aquí se reúne un conjunto de obras que van desde los primeros experimentos de finales de los años setenta, dando un salto a lo más reciente, producido en la última década. Aún cuando pertenecen a distintos momentos, sus obras se experimentan en tiempo presente. Son, por lo tanto, acromáticas y atemporales. La de Zamora es una búsqueda potenciada por cada espectador, por los cuerpos que se dejan tocar por sus obras y por todo aquello que el contexto en el que se muestran puede también reflejar sobre éstas —connotaciones, reflexiones, relaciones, imágenes, fantasías—. En ese sentido son generosas, al igual que la arquitectura emocional con la que hoy dialogan.

Paola Santoscoy

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Beatriz Zamora (Ciudad de México, 1935). Inició sus estudios artísticos en 1956 con el muralista José Hernández Delgadillo. De 1964 a 1966, estudió cerámica con José Castaño en la ciudad de México, y de 1967 a 1970, historia del arte en el Instituto de Cultura Superior. En 1972 ingresa a la École nationale supérieure des Beaux-Arts en París. Su trabajo ha sido expuesto de manera individual y colectiva en espacios como Casa de Francia, Centro de la Juventud Arte y Cultura FUTURAMA, Centro cultural Jaime Torres Bodet, Galería Pecanins, Galería Kunsthaus, Museo Universitario de Arte Contemporáneo, Villa Tamaris Centre d’Art, Centre d’Art Contemporain Raymond Farbos, Centro de Cultura Casa Lamm, y Academia de San Carlos.
Entre sus premios y becas destacados se encuentran la Beca de creador artísitico del Sistema Nacional de Creadores en 2009 y 2011, beca Pollock-Krasner Foundation en 2002, y Gran Premio Omnilife en 1998.

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