Crushed Autogeddon / El esqueleto mineral que nos permitirá aventajar a la evolución

Folke Köbberling / Arturo Hernández Alcázar

18 marzo, 2017 - 21 mayo, 2017
Evento relacionado: Inauguración de exposiciones. Marzo 18, 2017.

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Dentro del marco de Mexibility, en el Museo Experimental El Eco se planteó una colaboración entre la artista alemana Folke Köbberling y el mexicano Arturo Hernández Alcázar alrededor de los temas de movilidad y ecología. Dicha colaboración se dio en los términos que el mismo proceso de indagación fue dictando, así como en relación al contexto de trabajo y las conversaciones derivadas entre los involucrados. Esto dio como resultado dos piezas individuales que intervienen el espacio del museo, conviven, se traslapan y en cierta medida se contraponen. Es importante decir también que existía ya un antecedente en cuanto a un interés por colaborar nacido durante una larga estancia de Hernández Alcázar en Alemania, y la visita de Köbberling a México en 2013 para realizar un proyecto en la ciudad de Puebla en conjunto con Martin Kaltwasser.

El punto de partida fue, además de la invitación para intervenir El Eco por medio de un proyecto sitio-específico, la compleja ecuación político-histórico-económica que se deriva de la industria automotriz a nivel global, así como las distintas formas en que impacta a nivel local. Si pensamos estrictamente en las relaciones comerciales entre México y Alemania en este rubro, es bien conocido que desde mediados de los años sesenta del siglo pasado hay grandes plantas de producción automotriz en nuestro país. De tal modo que en nuestras primeras conversaciones se tocó el tema del famoso escándalo de Volkswagen ligado a las emisiones contaminantes de sus autos, pasando por el también famoso Hoy No Circula, pero sobre todo de la movilidad como una necesidad que desencadenó proyectos de urbanización de gran escala en el Valle de México. Desde ahí surgieron una serie de posibles operaciones críticas, gestos y acciones que ambos artistas pusieron sobre la mesa.

La propuesta de Köbberling, Crushed Autogeddon (2017), refleja la afronta contra las ideologías consumistas a partir de alternativas presentes en su trabajo desde hace varios años. Una de sus piezas emblemáticas en colaboración con Kaltwasser (Cars into Bicycles, 2008-2010) consistió en transformar a lo largo de tres meses un automóvil en dos bicicletas funcionales. La pieza que realizó para El Eco consistió en comprar un auto usado aún funcionando y trasladarlo al parque que se encuentra frente al museo en la calle de Sullivan, donde fue desmantelado por la propia artista y algunos ayudantes, abriendo la invitación a los transeúntes para unirse al desmembramiento paulatino y sin vuelta atrás de este ícono del avance tecnológico. En este caso, las piezas fueron trasladadas al interior del museo una a una para ahí ser destruidas manualmente y reclasificadas según su material y origen. Al hacer esto Köbberling despliega una escultura sobria producto del esfuerzo físico capaz de contener un mapa de relaciones comerciales y políticas a nivel global.

Por otra parte, la propuesta de Hernández Alcázar implica el montaje de un horno de fundición de metales en el patio del museo; fundición de aluminio en específico. La pieza se titula El esqueleto mineral que nos permitirá aventajar a la evolución (2017), tomada de El peatón atropellador, de Alfred Jarry. En este breve texto el poeta y dramaturgo francés considerado precursor del surrealismo y el dadaísmo, y conocido por su sátira política Ubú rey (1896), advierte del enorme peligro que los peatones representan para los automóviles y velocípedos por igual. La operación poética de Jarry en el texto mencionado sirve como entrada a otro tipo de transformación que consiste en localizar autopartes de aluminio exclusivamente provenientes de firmas alemanas en deshuesaderos y en el mercado negro para ser fundidas. Puede decirse que el aluminio es sinónimo de avances tecnológicos en la industria automotriz por sus propiedades físicas y químicas. Hoy en día se fabrican todo tipo de bombas, autopartes, cabezas y bloques de motor, rines, radiadores y ejes de transmisión, así como una parte significativa de los paneles que conforman el cuerpo de algunos coches. El líquido de este metal fue vertido en una cama de arena en el patio del museo, para segundos después adquirir una nueva forma muy alejada de su original, lo que resultó en esculturas que crearon una alteración en los sistemas de circulación de mercancía y de poder.

Hay un choque en la obra de estos dos artistas en la manera de entender la participación y la intervención. Mientras que la obra de Hernández Alcázar plantea un proceso de fundición realizado en un horno construido dentro del museo, y requiere la participación de otras personas expertas para poder llevar a cabo la acción de verter el aluminio líquido sobre el piso del recinto, la de Köbberling propone un proceso colectivo en el cual el público del museo y los transeúntes potencialmente participan de la pieza de manera activa. Cada pieza toma riesgos distintos en cuanto a estas dos cuestiones. Sin embargo ambas efectúan una cierta violencia hacia los materiales que deviene en gestos escultóricos potentes, capaces de cimbrar literal y metafóricamente las estructuras.

Paola Santoscoy

 

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