Anfibología, reciprocidad

Vitor Cesar

28 febrero, 2013 - 26 mayo, 2013

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Partamos de la ambigüedad; de la ambigüedad de una frase, de una cosa o de una situación para pensar cuáles posibilidades de interpretación se abren desde el lugar de la indeterminación. Si bien la anfibología —también polisemia— apunta hacia el empleo de frases o palabras con más de una interpretación, la obra de Vitor Cesar nos invita a pensar este uso del lenguaje de forma más expandida: desde las capacidades de la obra de arte.

Su trabajo se desarrolla mayormente en el ámbito de lo público, de ‘estar en público‘ para ser más específicos, de tal modo que estas nociones son centrales a su investigación artística. Una buena parte de sus proyectos pueden entenderse como modos de activación de un espacio que parten de las dinámicas sociales y espaciales de la vida cotidiana. Entre los dispositivos y medios que utiliza se encuentran carteles, letreros, charlas, radio, y elementos ya existentes en un sitio como puede ser el caso de un interfono, por ejemplo ; (Interfones, 2011), que al ser dislocado de un predio a un poste en la calle adquiere una nueva función convirtiéndose en un experimento de interacción en la ciudad. De acuerdo con la historiadora del arte Rosalyn Deutsche, “La condición pública de una obra de arte no estriba en su existencia en una ubicación que se predetermina como pública, sino más bien en el hecho de que se ejecuta una operación: la operación de hacer espacio público al transformar cualquier espacio que esa obra ocupe en lo que se denomina esfera pública.”

Os efeitos da obra deste artista são de sua responsabilidade [Los efectos de la obra de este artista son de su responsabilidad], 2013, es una obra realizada para la fachada del Museo Experimental el Eco. Resultado de una primera visita del artista a la Ciudad de México en otoño pasado, la pieza está hecha a la manera de los letreros de herrería que nombran algunos edificios, especialmente iglesias, escuelas, edificios residenciales, bares, restaurantes. Este tipo de identificaciones son aún comunes en la Ciudad de México, en particular en edificios de los años cincuenta del siglo pasado: “Edificio Rosa”, “Condominio Zacatecas”, “Bar Negresco”, “Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”. La frase articulada por el artista no es una identificación en este sentido (“Museo”), y sin embargo funciona como tal dentro del marco de la institución museística, o mejor dicho de adentro hacia fuera de este marco, y de vuelta.

La obra evade de forma directa el lenguaje espectacular, como podría serlo el de la publicidad, y en cambio construye una frase que remite más a la teoría de arte que a un letrero con el que podemos toparnos en la calle. De este modo se dirige a quienes leemos la frase y nos coloca dentro de ésta por medio de la apelación, y lo mismo apela a la obra de Goeritz, a la arquitectura que alberga otras obras de arte, y a esas otras obras de arte. Los efectos son de “su” responsabilidad; una responsabilidad compartida pues en las distintas interpretaciones circula una cierta corresponsabilidad, complicidad y co-afectividad.

Una segunda obra en exhibición que se encuentra en la Sala Mont del museo, Sem título (Modern Architecture) [Sin título (Arquitectura Moderna)], 2011, lanza una pregunta aguda sobre el peso de la arquitectura moderna. Una caja de cartón que alguna vez contuvo varios ejemplares del libro titulado “Modern Architecture” de la famosa editorial de arte Taschen, está aquí dispuesta sobre un terreno de pasto artificial a la manera de una trampa rudimentaria. La caja está siendo sostenida por una pequeña columna de mármol atada a un hilo largo que sale de la demarcación del pasto artificial como una incitación al espectador, pues si éste se aventurara a traspasar este límite, la caja caerá. A una escala muy distinta que la intervención en la fachada, esta pieza crea una tensión entre la modernidad y el presente, una tensión que se localiza al interior del museo y de los discursos del arte, pero que podemos pensar se extiende geográficamente también tendiendo un puente entre Brasil y México en cuanto a su relación con la modernidad.

Por último, en nuestras manos sostenemos una tercera pieza:  una sugerencia para intervenir el gran ventanal que separa el patio del museo con el interior ,colocando un toldo rosa que espejea el tianguis que dos veces por semana se instala frente al museo. Esta imagen, proposición de otro tiempo, entabla una conversación con el exterior del museo desde lo utilitario y lo estético, poniendo de nuevo en cuestión la condición pública de una obra de arte y las relaciones que ésta genera.

Tobías Ostrander.

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Vitor Cesar (Fortaleza, Brasil, 1978). Por medio de exhibiciones, trabajos gráficos, debates y otros proyectos, Vitor Cesar desenvuelve propuestas artísticas que procuran constituir nociones de público a través de dinámicas de la vida cotidiana.  Estudió Arquitectura y Urbanismo en la Universidade Federal do Ceará, de Fortaleza y participó del grupo de estudios Alpendre también en esta ciudad. Realizó su disertación de estudios de maestría en Artes Visuales por la Escola de Comunicação e Artes da Universidade de São Paulo (São Paulo, 2009) con una investigación sobre las propiedades críticas de la constitución de esferas públicas. Co-organizó el proyecto Arte y esfera pública en el 2008 en São Paulo. Desde 2005 trabaja en el proyecto Basemóvel en colaboración con diversos artistas.

Recientemente participó de las siguientes exposiciones: Boletim, Galeria Millan (São Paulo, 2013); Da próxima vez eu fazia tudo diferente; Pivô (São paulo, 2012); 8 Bienal de Mercosur (Porto Alegre, 2011); Os dez primeiros anos, Instituto Tomie Ohtake (São Paulo, 2011); Caos e Efeito, Instituto Itaucultural (São Paulo, 2011); Em direto, Oficina Cultural Oswald de Andrade (São Paulo, 2011).

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 Póster de la exposición AQUÍ

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