Autogestión contracultural: Galería Metropolitana, Chile

Entrevista a Ana María Saavedra y Luis Alarcón quienes fundaron la Galería Metropolitana en 1998 en Santiago de Chile .

Estas reflexiones fueron la guía para la discusión durante el caso de estudio de la Galería Metropolitana, que se presentó en Ecuentro Internacional, Manifiestos para la experimentación (2015).

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¿Es posible producir un mundo mejor desde la institución?
Es posible producir transformaciones (artísticas, sociales y políticas) desde la institución, para ello dicha institución deberá correr el riesgo de asumir una posición y un discurso pro pensamiento crítico, el cual deberá traducirse curatorial y materialmente dentro y fuera de la institución. El adentro casi siempre es espacio ganado, pero no hay que confiarse, mantener una posición así siempre será difícil. El afuera es fundamental, pues se trataría de vincular dicha práctica (deselitizar, contaminar con el arte) a los contextos: articulándose con personas y organizaciones no relacionadas al propio campo del arte (lo que tampoco es fácil de mantener y de profundizar en el tiempo). En síntesis, “zonas en disputa” (con un adentro y un afuera) que requieren de tenacidad, densidad, intensidad y eficacia.

¿La autogestión contracultural se opone a la institucionalización y la profesionalización?
La autogestión contracultural debería trabajar estratégicamente en una relación de tensión crítica con las múltiples instituciones; como un juego estratégico que se desmarca del oportunismo y que se da desde la autonomía del pensar y el actuar. El objetivo es mantener el mayor grado posible de libertad de acción para la transformación artística, social y política.

Un espacio autogestionado, alternativo y/o independiente puede llegar a institucionalizarse sin lugar a dudas, en especial si su modus operandi deviene un modelo de acción. El procedimiento, por tanto, será asumir dicho proceso de institucionalización (que conlleva normalmente un alto proceso de profesionalización), manejándolo ética y (auto)críticamente desde el autosabotaje, que comparece como el antídoto necesario contra la domesticación y la normalización.

¿Qué modelos de existencia y gestión estamos inventando? ¿Qué modelos ya inventados nos sirven hoy día?
Después de conocer una infinidad de experiencia o iniciativas de corte autogestionadas o independientes, podemos decir que siempre hay un grado de originalidad en cada una de ellas; aunque se repiten elementos, formatos, dispositivos, posturas, etc., siempre hay algo que las diferencia una de la otra. Eso es fascinante, pues les da el plus de ser lugares donde todavía se está creando o inventando algo en el arte, cuestión que no es menor. Dentro de esa infinidad de espacios muchos han devenido en modelos de acción, lo que los convierte en referentes a los que se puede recurrir en cualquier momento para pensar tu propio lugar. La Panadería en el DF, Capacete en Río de Janeiro, Galería Chilena, Hoffmann´s House en Santiago y H-10 en Valparaíso son ejemplos estratégicos en Latinoamérica.

La amplia gama y renovación permanente de espacios alternativos o autogestionados habla por un lado de su fragilidad (abren y cierran de un día para otro), y de lo que podríamos denominar como un lugar ganado, no dado, sino que como campos en disputa, siempre superando “viejas dificultades con nuevas propuestas” (Cristian Mono Silva) dinámica distintiva de este tipo de “prácticas artísticas contemporáneas”. En todo caso, es bueno señalar, que en el marco de un boom de espacios autogestionados, alternativos o pymes culturales, no basta con inventar un dispositivo novedoso de exhibición y difusión de artistas y obras. Si no hay discurso crítico y/o lugar de enunciación autoreflexivo para la acción más allá del arte, todo se quedará ahí, clausurado en esa perversa máquina llamada sistema del arte que usufructúa a partir de los espacios “indie” y que, de un momento a otro, los absorbe o disuelve sin pudor alguno.

¿Qué estructuras organizativas distinguen a la autogestión?
Si pensamos en el inicio de un espacio autogestionado, en su primera etapa encontramos la creatividad como recurso básico que permite generar respuestas inmediatas a los desafíos que aparecen desde un primer momento. Luego está la capacidad de superar dichos problemas en base a operar de manera low fi, trabajar con cero presupuesto, presupuesto bajo o con lo que se tiene a la mano. Por lo tanto, se requiere tener estructuras livianas y flexibles, que no poseen cargas institucionales o históricas, lo que permite sortear, evitar o desmontar la burocracia en todas sus formas, deviniendo en un espacio liberado para la generación de acontecimientos, cuyo foco principal es el arte.

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¿Qué pueden aprender las instituciones de los espacios autogestionados y viceversa?
No todas las instituciones están interesadas en aprender de los espacios autogestionados. Las que están dispuestas es porque piensan su trabajo como generación de pensamiento visual y crítico. Desde esa suerte de autoconciencia institucional, la idea sería repensar sus dinámicas, adoptando modalidades de acción que liberen y/o desburocraticen las prácticas del arte. Una institución así no sólo debería pensar en aprender (o recuperar recursos) de los espacios alternativos; debería también apuntar a generar posibles alianzas (permanentes o coyunturales) de trabajo con ellos.

Los espacios alternativos autoconstruyen su pragmatismo, parten de “cero”, por lo que deben aprender a hacer uso de todos los instrumentos disponibles que se “ofrecen” tanto en el sistema del arte como en el social. De las grandes instituciones, por ejemplo, su capacidad de gestión administrativa, económica y política, el manejo de una política de medios, el trabajo editorial y fundamentalmente la rigurosidad curatorial.

Hay que recordar que en el origen de los espacios alternativos está la figura de la falta de espacios y la crítica a las instituciones del arte, por inoperantes y/o decadentes. Una posible alianza de trabajo entre un espacio independiente y una institución formal, que ya es una anomalía, dependerá de múltiples factores, tales como una alta dosis de flexibilidad ideológica y una apuesta compartida por no competir, apuntando a desmontar aquellos poderes que legitiman, tan característicos del estado actual del arte.


¿Para qué contexto, para quién gestionar la cultura?
Para nosotros, como espacio, es fundamental la relación con el territorio local, por lo mismo se gestiona la cultura desde y para ese territorio local. Sin embargo, podemos decir que esa localidad es la que ha permitido nuestro devenir deslocalizado, tanto en términos regionales como globales. Esa localización ha sido la base de la diseminación actual de nuestro trabajo, que se ha traducido últimamente en acciones intercontextuales que nos han permitido activar la cultura más allá de nuestras fronteras.

¿Qué bienes culturales estamos creando? ¿Para qué usuarios, espectadores, públicos?
El artista contemporáneo es un pensador visual, su trabajo (obras, imágenes, textos, acciones, etc.) se traduce en pensamiento y conocimiento único. El artista inicialmente crea para sí mismo, luego su público normalmente son los mismos artistas, curadores, críticos, estudiantes de arte, directores de instituciones, coleccionistas, ya sea privados o públicos. A esto se suman los espectadores no especializados, que se acercan al arte de manera esporádica, intermitente y con distintos niveles de comprensión y compromiso. Luego, viene la gran mayoría que no tiene necesidad del arte.

La apuesta será producir arte (objetos culturales u acontecimientos) que vaya más allá del sistema del arte, sus especialistas, públicos cautivos y mercados, apuntando a servir de instrumento (pedagógico o no) para la activación de zonas de democracia cultural, pensamiento crítico y deseo de arte y cultura.

¿Es posible la experimentación desde la institución?
Claro que es posible la experimentación desde una institución, hay ejemplos notables de esa política (MACBA en Barcelona, El Eco en el DF y hasta hace poco el Museo de la Memoria y los DDHH en Santiago de Chile) pero, no es la norma. ¿Qué hacer? Seguir insuflando desde el margen (lugar que ocupan normalmente los espacios alternativos) críticas, ideas y ejemplos de cómo hacer del arte un eje perturbador-transformador de la existencia humana.

Luis Alarcón-Ana María Saavedra
Febrero, 2017
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GALERÍA METROPOLITANA

DEFINICIÓN: Espacio privado de exhibición y difusión de arte contemporáneo, instalado en una comuna periférica de Santiago de Chile, que responde al propósito de hacer participar en torno a nuevas manifestaciones del arte a un sector social que ha estado marginado de ellas.

LUGAR: La galería está instalada en un galpón metálico de 12.5 m de largo x 6 m de ancho x 4 m de altura.
La construcción corresponde a la idea de una extensión de la propia casa, reproduciendo un gesto típico en los sectores populares: agregar nuevas habitaciones a la vivienda o readecuar las mismas para procurarse un espacio donde ejercer alguna ocupación (peluquerías, bazares, talleres, etc.); en este caso, una galería de arte.
El sector donde se ubica la galería corresponde a una comuna popular, Pedro Aguirre Cerda, barrio industrial y residencia de obreros, técnicos, empleados y pequeños comerciantes.

PROGRAMA: Galería Metropolitana funciona a partir de un programa de trabajo que puede ser señalado como hipotético y constantemente experimental, lo que responde al condicionamiento dado por los límites difusos entre casa-habitación y galería:
- Ambos espacios se ubican dentro de un mismo recinto y comparten un muro-puerta-ventana que viene a ser, al mismo tiempo, frontera y territorio común.
- La Galería no cuenta con financiamiento externo y su funcionamiento depende casi exclusivamente de las capacidades de autogestión compartida entre sus directores y los artistas convocados.
- El tema introducido por el barrio y sus derivaciones necesariamente obliga a la obra y al artista a pensar las relaciones entre espacio privado y espacio público (vida cotidiana y arte).

RELACIÓN CENTRO/PERIFERIA: La operación crítica que Galería Metropolitana realiza al llamarse así, consiste en un intento por autoconstruirse como centro y, de esta manera, dislocar los ordenamientos espaciales que obligan a la periferia a mantener su confinamiento. Su operación crítico-paródica tensa lo local con lo global, a partir de un centro “des-ubicado”.

DECONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO DE GALERÍA DE ARTE: La galería realiza una operación de revisión, desmontaje crítico y ampliación de los sistemas de estratificación cultural (arte/clase social, alta cultura/cultura popular), interpelando tanto a las instituciones del arte y sus estrategias (universidades, museos, institucionalidad cultural, circuito de galerías, mercado, etc.) como a la cultura “popular-poblacional”.

GALERÍA METROPOLITANA:
- Un espacio de investigación y experimentación.
- Un espacio de mediación entre arte y comunidad.
- Un espacio autónomo y autoreflexivo que trabaja con la historia del arte y la historia del barrio.
- GALERÍA METROPOLITANA ES UNA TOMA DE TERRENO.

Luis Alarcón – Ana María Saavedra
Pedro Aguirre Cerda, Santiago, junio 1998

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